lunes, 17 de junio de 2013
domingo, 22 de abril de 2012
La hipótesis de Dios
J. R. Albaine Pons
Cuando llegué a la Universidad estatal de Kiev a realizar mis estudios de doctorado, no pasaba un día que no me presentasen varias personas: los profesores de la Cátedra de Fisiología Animal y Humana, los investigadores del Instituto de Fisiología de la universidad, los otros aspirantes al doctorado de la cátedra, de otras cátedras de la Facultad de Biología. Y una pregunta se repetía varias veces al día: “que bueno que estás aquí con nosotros José y cuál es tu problema? ¿cuál es tu pregunta?” Yo saludaba tímidamente y respondía: “estoy estudiando”. Antes del mes ya no aguantaba más la situación y me presenté a mi Director de Tesis y le dije: Tengo un problema Dr., ¿qué es un problema?¿qué es una pregunta? Yo no entiendo nada. Mi jefe científico sonrió amablemente y me envió con un papel escrito por él (que no entendí, por supuesto, además de que en ruso las letras de imprenta son totalmente distintas en la forma a las manuscritas) a quien sería mi segundo y directo asesor científico. Para hacer corto el cuento, éste me prestó dos textos en inglés: un pequeño libro de Ivan Pavlov sobre Fisiología y Psicología y otro sobre la investigación científica del francés del siglo XIX Claude Bernard: Introducción al estudio de la medicina experimental. Una semana después (bajo la suposición que me había leído ya ambos libros) me dijo: “tu problema es lo que tú quieres saber, lo que intelectualmente te preocupa y que debes formular como una pregunta. No es algo simple de presentar. El tema puede haber sido ya tratado antes, pero tu pregunta tiene que ser nueva. Y tu respuesta tentativa tiene que poder estudiarse en un laboratorio”. Con el tiempo estudié y comprendí lo que es un problema científico y más ampliamente un problema intelectual. Aprendí la diferencia entre una investigación científica y un levantamiento de datos para tomar decisiones. También aprendí que la respuesta tentativa a un problema científico es lo que se denomina una hipótesis. Mucho se ha escrito sobre lo que es y no es una pregunta y una hipótesis científica y los filósofos de la ciencia y algunos destacados científicos han presentado variadas opiniones al respecto. Como se prueba una hipótesis y hasta donde estamos seguros de estas pruebas es otro campo que también se ha estudiado mucho. Pero eso es hoy y ahora. Hoy una pregunta científica es lo que estudia la ciencia y una hipótesis científica es la explicación tentativa que ofrece la ciencia, que debe probarse (refutarse dicen los filósofos). Pero lo anterior no significa que la humanidad antes de la ciencia no se hiciera preguntas válidas y que no diera respuestas a sus preguntas. Pudiéramos llamar hipótesis vulgares (no me gusta el término) o quizás mejor hipótesis simples a esas respuestas que intentábamos pensar para entender mejor el mundo que habitamos. Todo lo arriba escrito viene al caso por un reciente encuentro entre representantes de dos formas de pensamiento. A fines de febrero en el Reino Unido se realizó, en la universidad de Oxford, un encuentro entre el Arzobispo de Canterbury, R. Williams, (líder espiritual de la Iglesia Anglicana, cuya cabeza oficial es la Reina de Inglaterra) y el genetista, evolucionista, divulgador científico y ateo militante Richard Dawkings, autor de varios libros, entre ellos El Gen Egoísta ( un clásico ya en Ciencias Biológicas); de la definición de Meme, para aquellas ideas que supuestamente evolucionan y se expanden culturalmente y The God Delusion (H. Mifflin Company, Boston, N.Y., 2006). El debate, recordando otro histórico realizado en 1860 sobre la obra de Charles Darwin El Origen de las Especies, fue todo un éxito. Hay que saber que en Inglaterra hay que pagar para asistir a estos eventos y sus derechos se venden a la televisión. Es todo un espectáculo de la alta cultura. Su título fue “Sobre la naturaleza de los seres humanos y la cuestión última de sus orígenes”. Lo que dijeron Williams y Dawkings fue muy comentado en toda la prensa mundial, con encabezados como “el obispo también viene del mono” hasta “la diabólica teoría de la evolución”, como vemos, para todos los gustos. En nuestro país Acento.com, claro, nos trajo noticias del debate en el artículo de opinión “Sobre Dios y nuestros orígenes” del 01 de marzo pasado, por Leonardo Díaz. Una discusión (eso sí, civilizada y ecuánime y con valor de mercado, por supuesto) de este tipo siempre se desliza hacia la “pregunta” sobre la existencia de Dios y sobre su papel en todo lo que existe. Escribe Leonardo Díaz “la pregunta sobre la existencia de Dios es tan antigua como la historia de la humanidad y como todas las preguntas de su naturaleza carecen de auténticas respuestas… pues no son problemas en el sentido estricto del término”. Ese es por supuesto el canon actual. La existencia de Dios no es una pregunta científica, no es un problema científico y por lo tanto la ciencia no tiene nada que opinar al respecto. Pero veamos la idea de que no es una pregunta, sino una respuesta. Y que no fue desde el principio de la humanidad, sino más para acá, desde los griegos. En su erudito trabajo sobre el origen de Dios o mejor con su título ¿Como comenzó la idea de Dios?, de Colin Wells en el Journal of Humanities ande the Clasics, de la Universidad de Boston (Fall, 2010), este muestra como la razón de los griegos fue la primera en proponer un Dios único, de los muchos que tenía la humanidad de entonces y antes, y fueron los mismos griegos quienes se hacían la pregunta sobre la existencia de dioses y los que comenzaron a negarla…pero la dejaron como pregunta. Aunque muchos antropólogos señalan que los primeros dioses fueron animales, prefiero verlos como respuestas a fenómenos naturales. Dios no es un problema, no es una pregunta. Es la respuesta a una pregunta, a la pregunta de “¿cómo fue que apareció todo esto?”; “¿de dónde es que vienen las montañas, los ríos, los animales, nosotros?” Preguntas válidas en los principios de la humanidad, cuando seguramente también nos comenzamos a preguntar ¿Y por qué el sol se va moviendo y se desaparece y reaparece al otro día?, ¿Y por qué la luna y las estrellas aparecen después que se va el sol?; ¿por qué se enferma la gente, se muere la gente, nacen hijos con deformaciones? Todas preguntas válidas para aquellos seres que fueron nuestros ancestros y que luchaban por sobrevivir en condiciones muy adversas y solo con su cerebro como arma de defensa. Las respuestas “naive” que aparentemente se dieron han durado milenios, hasta hoy!... Todos sabemos la respuesta simple, la hipótesis simple al movimiento del sol en nuestro cielo: la Tierra es el centro del universo y el sol gira a su alrededor; todos sabemos lo que costó primero pensar, luego decir y más tarde demostrar sin ninguna duda razonable que es la Tierra la que se mueve. Igual pasó con las enfermedades, eran espíritus malignos, eran mal de ojo y envidia de otros; costó mucho trabajo, y aguantar muchas hogueras, pensar hipótesis alternativas y luego demostrarlas. Hoy día, aún aquellos que siguen pensando en dioses y en demonios, buscan antibióticos cuando se enferman. Y claro, de esas hipótesis simples, de esas respuestas primeras que ofreció la humanidad a lo que veía y a lo que le afectaba, surgieron los que decían las respuestas y se convirtieron en religiosos y formaron las religiones. Por eso muchos científicos nunca han aceptado “El Canon” de que la ciencia nada tiene que decir. Ante la pregunta de si creían en Dios ya muchos han contestado “no necesito esa hipótesis” y es así como el mismo Dawkings encabeza el segundo capítulo de su libro The god Delusion: La Hipótesis de Dios. La ciencia ha demostrado que si tiene y mucho que decir. Una a una hemos tenido la oportunidad de vivir en esta nuestra época como los antibióticos, las vacunas, la genética han ido sustituyendo aquellas hipótesis simples por hipótesis científicas (aunque los genetistas, cuando tienen un hijo, siguen preguntando si ya alguien les ha regalado su azabache al bebé). Se han ido sustituyendo respuestas inocentes por respuestas que resuelven problemas y nos ayudan a vivir más y a vivir mejor. Y me extrañó la discusión con Dawkings, no son los evolucionistas los que han desbancado la última hipótesis simple que sobrevive aún, la existencia de Dios. Han sido los físicos cosmólogos, con el también británico Stephen Hawking a la cabeza (S.Hawking & L.Mlodinow, The Grand Design, Bantam Books, 2010), los que han propuesto una respuesta alternativa y probable. En el Big Bang se creó la materia, el espacio y el tiempo. No hay tiempo antes del Big Bang, por lo tanto no hay causas. El universo se autocreo y no tiene propósito. Los modelos matemáticos inclusive proponen que pudieran existir múltiples universos y estar apareciendo ahora mismo y continuamente. Como dijo el propio Hawking, no hay Dios, no hay “cielo”, no hay vida eterna. Y se puede ser y vivir feliz conociendo eso. El propósito de la vida humana es ser feliz, asegura Fernando Savater, el filósofo ganador del premio Primavera de Novela de Espasa Calpe del 2012 (200,000 euros más publicación), añadiendo que es esa idea su principal contribución al pensamiento filosófico occidental. La ciencia si ha estudiado, y con mucho éxito, aquellas simples hipótesis formuladas por nuestros ancestros en el inicio de elevar su mirada al cosmos, en la sabana, fuera de los árboles. Y la ciencia si puede estudiar, y de hecho lo hace y bastante bien, como han transcurrido, que han hecho, que ha resultado de esas institucionalizaciones de aquellas respuestas simples, que se convirtieron en religiones y creencias irracionales. Qué papel han jugado en la cultura de los humanos y qué problemas han creado y cuales, supuestamente, han resuelto. Claro, la última gran novela que disfrutaron los franceses, escrita por una filósofa de profesión, Muriel Barbery, La elegancia del erizo (Gallimard , 2006; Seix y Barral, 2007, 2009 y 2010 en español) hace hablar a su protagonista así: “Como primates que somos, lo esencial de nuestra actividad consiste en mantener y cuidar nuestro territorio de manera que éste nos proteja y halague, en subir o no bajar en la escala jerárquica de la tribu y en fornicar de cuantas formas podamos-aunque no fuere más que en fantasía- tanto por el placer como por la descendencia prometida.”. Aquí en nuestra media isla la última novela que vi en la prensa anunciándose fue una sobre Judas y su entorno, o sea, el mundo anda por allá y nosotros aquí aún pensando y creyendo en apóstoles y traiciones e idas al “cielo”, sin cohetes ni trajes espaciales. Inclusive se les llama extravagantes o simplemente “atronao” (o uno de muchos sinónimos) a aquellos que insisten en pensar y conocer como se piensa hoy. Bien, por ahí vamos, que se le va a hacer. Otras ideas que se me han ocurrido leyendo sobre ese último encuentro entre la ciencia y la razón y la simpleza de mentes acomodadas espero presentarlas en el futuro, si mis lectores, Acento.com.do y el azar así lo permiten.
viernes, 27 de mayo de 2011
LAS "PROFECIAS" FALLIDAS SOBRE EL FIN DEL MUNDO
El pasado día 21 de mayo era la fecha prefijada por Camping Harold para el fin del mundo, pero como todos saben, la “profecía” no se cumplió. Una vez más falló el señor Harold, ya le había sucedido en 1994. ¿Qué hace que un profeta que ya había errado consiga crédito público para aventurarse a una nueva “profecía” y encontrar seguidores y creyentes?
Maia Szavalitz publicó el pasado martes 17 de mayo en Time Mgazine el trabajo que lleva por título “Apocalipse Now: Why Believers Will Grow Stronger If the World Doesn't End”. ¿Qué hace que los creyentes acrecienten su fe a pesar de que el mundo no se acabe en la fecha predicha, ¡NI EN NINGUNA OTRA!?
La respuesta nos las da Festinguer (1956) nos dice Szavalitz, al referir un estudio de este autor, “Cuando la profecía falla”, que trata de un acontecimiento parecido al de la “profecía” de Harold. En el 1954 unos practicantes de un culto a los ovnis (objetos voladores no identificados por sus siglas en español) liderados por Dorothy Martin predecían la llegada de platillos voladores para rescatar a los creyentes que se le sumaran en su esfuerzo por salvar vidas. Los no creyentes iban a correr una suerte parecida a la prevista por Harold. Igual que ahora, no hubo fin del mundo, no llegaron los platillos voladores.
La “profetisa” Martin aclaró que el fin del mundo no ocurrió debido a sus plegarias. El resultado que siguió a la explicación de marras fue una efervescencia increíble de proselitismo a favor del culto a los ovnis.
Festinger utiliza su muy conocida tesis de la disonancia cognoscitiva para explicar el paradójico caso de que el fracaso de la “predicción”, lejos de desalentar a los fanáticos, fortalece su fe.
La disonancia cognoscitiva es el sentimiento producto de la discrepancia entre nuestras creencias y la realidad, es el caso de creer una cosa cuando la realidad resulta ser otra totalmente contraria a dicha creencia. Aunque la literatura habla de las situaciones que producen sentimientos desagradables, pienso que la discrepancia entre nuestras creencias, percepciones y expectativas que pudiéramos tener en un momento determinado y la realidad podrían ser agradables en ciertas ocasiones.
Szavalitz señala que la teoría de la disonancia cognoscitiva predice que si alguien invierte o se compromete mucho con un punto de vista o creencia, menor es la disposición de esa persona para abandonar dicha posición cuando la realidad le presenta evidencias contrarias a dicho punto de vista o creencia. También, que si adoptamos comportamientos que van en contras de nuestras creencias y percepciones, modificamos estas últimas y en cambio adoptamos creencias que vayan acorde con el nuevo comportamiento adoptado. Festinger & Carlsmith (1959) citan dos trabajos de investigación de Janis & King (1954; 1956) de cuyos resultados se fundamentan esta predicciones.
Mi amigo, el profesor Manuel Escobar, afirma con mucha frecuencia que “cuando uno finge lo que no es, termina siendo eso, lo que uno no era, lo que imita”.
El aumento de la fe de los creyentes acrecienta luego del fallo de la “profecía” debido a que este contradice las creencias en las que están tan comprometidos, que incluso lo expresan públicamente. En el caso del culto a los ovnis que impulsara la señora Martin, el compromiso de los creyentes era tan grande que sus seguidores renunciaron a sus trabajos, escuelas y regalaron sus bienes económicos, incluso el dinero que poseían; luego del fallo de la “profecía” aumentaron su fe.
La visualización de estos finales catastrófico de la vida en nuestro planeta produce angustia a mucha gente en todo el mundo, incluso suicidios. Lo lamentable del caso es la indiferencia con que las autoridades de salud pública se manejan frente a estos claros atentados a la salud mental pública
jueves, 7 de enero de 2010
LA PELICULA AVATAR Y LA PSICOLOGIA EVOLUCIONISTA
En la página de Internet de Psychology Today, del 5 de enero de este año, Douglas Kenrick, profesor de Psicología Social en la Universidad del Estado de Arizona de los Estados Unidos de América, publica un artículo con el título “Avatar 3D: Evolutionary Psychology Goes to Hollywood”, en el cual apunta un hecho que podemos considerar como trascendente: la llegada de la Psicología Evolucionista al cine de Hollywood.
El Prof. Kenrick, en su análisis, compara la lectura del Origen de las Especies de Darwin con la recién estrenada película Avatar. Según este análisis, ambas obras nos pueden enseñar algo acerca de la naturaleza humana. La lectura de la obra de Darwin compara la especie humana con otras especies animales no humanas de nuestro planeta, mientras que el film Avatar nos induce a una reflexión similar, al comparar la especie humana con una extraterrestre imaginaria, agrega el profesor estadounidense.
El profesor Kenrick le reconoce al film de James Cameron varios méritos, como son:
1.- La creación de un mundo absolutamente convincente lleno de unos “hermosos humanoides” de color azul, apoyado en recursos tecnológicos modernos.
2.- El hecho de que nos hace “sentir como un niño pequeño que nunca ha visto una imagen en movimiento, ademas de transmitir sutilmente un mensaje más profundo sobre lo que el equipo del Complejo Militar Industrial del siglo 21 puede hacer.
3.-También, el hecho de que armoniza con la psicología del público debido a la forma en que la misma maneja los temas más atemporales.
De la participación en entrevistas a destacados psicólogos evolucionistas como John Alcock, David Buss, Leda Cosmides, Steve Gangestad y Martie Haselton sobre temas evolutivos tratados en el cine, el Prof. Kenrick colige que, hasta ahora, se han abierto las llaves del gran cine para cuatro temas evolutivos profundamente importantes, tales como:
1.- Conseguir pareja,
2.- Llevarse bien con el otro,
3.- Salir adelante, (“echar pa' lante”, decimos los dominicanos, D.C.) y
4.- Ganarse al contrario (esto ya lo reconocia Maquiavelo, D.C.).
El profesor de Psicología Social indica que, así como Ben and Jerry, refiriéndose a la famosa marca de helados, aprovecha nuestras ansias ancestrales de azúcar y grasa, Hollywood ha explotado nuestros deseos ancestrales de:
1.- Conseguir parejas atractivas
2.- Contar con personas de confianza,
3.- Asegurar una buena condición social (status elevado), y
4.- Lograr la seguridad de nuestros bienes (Maquiavelo también reconocía esto, D.C.)
Todos estos temas, objetos habituales en los estudios evolucionistas, tanto en la Psicología Darwiniana, como en todas las ciencias evolutivas, los desarrolla el director de Avatar a través de los personaje encarnados por la dominicana Zoe Saldaña, Jake Sully y el apoyo de los impresionantes recursos de la cibernética.
Kenrick con cuerda con la crítica cinematográfica, en el sentido de que la película no es una obra maestra de la cinematografía, pero al estar basada en criterios psicológicos evolucionistas, cree propicia la ocasión para dar a Avatar un buen recibimiento, un “YES” pudiera decirse, con las manos empuñadas y los dos pulgares hacia arriba, termina diciendo el profesor de Arisona.
Este análisis del profesor Kenrick constituye una buena guía para que el público que asiste a ver la película más taquillera de los últimos tiempos se pueda orientar y agudizar sus observaciones hacia los temas tratados en la misma. Es además, una muestra de la importancia que cobra la Ley de la Evolución de Darwin y de una de sus grandes propuestas: La Psicología Evolucionista. La llegada al cine de esta temática es un indicador de que los temas fascinantes de la Psicología Evolucionista son parte de nuestra modernidad, pese a la resistencia que ofrecen a esta temática los guetos latinoamericanos del conductismo radical, el psicoanálisis y otras llevas aromáticas.
martes, 29 de diciembre de 2009
Dos Culturas: a los 50 años
J.R. Albaine Pons
Hace algo más de medio siglo el fisiólogo inglés Alex Confort, más conocido en todo el mundo por su libro “The Joy of Sex” –primer “manual” moderno de juegos eróticos entre los sexos-, comentaba que existen dos maneras de aproximarse a la realidad, que en la cultura anglosajona se conocen como “La forma dura” y “La forma blanda”, para referirse a las ciencias y a las humanidades.
Hace 50 años, exactamente en el pasado mes de mayo, que el físico Charles Pierce Snow (1905-1980) presentó la conferencia anual Rede, en
El libro fue duramente atacado por la “crítica”, en especial humanistas y escritores, desde la capacidad (o incapacidad) de Snow de comunicar por escrito, hasta sus logros como científico estudioso de la física. El libro de Snow, de varias ediciones, la última que encontré de 1993, es anecdótico e informal. No es una presentación de una hipótesis y su posterior demostración. De lo más curioso es el relato de su señalamiento a escritores de cómo podían hablar de comprender la realidad, si no tenían ni idea de
Pero a pesar de muchos la obra perduró, y la frase “Dos Culturas” continua en uso, bajo el ataque, de vez en cuando, de funcionarios universitarios tercermundistas que suponen que sus comentarios, negando la aún actual existencia de esas culturas, los coloca por sobre ellas, sin haber sobresalido en realidad en ninguna, ni presentar una obra formal que justifique sus puestos, aparte de habilidades nada intelectuales, pero si exitosas en sus escalas sociales particulares.
Karl Popper, en su prefacio de la edición inglesa (1958) de su obra
Pero hoy más que nunca las Dos Culturas se observan desde sus orillas. Intentando evitar la sima algunos “intelectuales” franceses se hicieron “postmodernos”- incorporando a sus discursos palabras, ideas y teorías originadas en las ciencias y empleándolas como mejor les parecía, pues ni idea de lo que en realidad significan como instrumentos de trabajo científico. Por suerte, pasaron sin pena ni gloria y su daño fue mínimo. Aunque aquí, y tal vez imbuidos todavía de la idea de la ocupación haitiana de hace casi dos siglos de que “todo lo francés, es mejor” todavía citan con orgullo frases y sinsentidos de esos buenos franceses idos tan a tiempo.
Pero también desde el borde científico se habla de una ciencia “humanista”, por querer decir la preocupación ética, de lo que los “humanistas” y políticos pueden hacer con los resultados de la investigación científica (tirarle una bomba atómica a Japón, o estrellar aviones contra torres llenas de civiles, por ejemplo) o sobre los discursos políticos ambientalistas e ideas como el “calentamiento global” (hoy ya todo es “global”, aunque el 98% de la humanidad nace y muere en el mismo lugar) que sólo parece estar en agendas gubernamentales y modelos computacionales bajo supuestos imaginarios y a veces falseados, pero altamente emocionales.
Ningún ejemplo más notable en nuestro medio de estas dos culturas que el extravío entre genetistas e historiadores sobre el lugar de descanso de los restos de Cristóbal Colón; que los españoles quieren resolver utilizando la ciencia y los dominicanos aferrados a historias. ¡Es que para muchos el mundo, con todo y global, termina en el Malecón de Santo domingo!
Otro componente que tiende a cruzar la brecha entre ciencias y humanidades, y que parece tener más futuro que los antes mencionados es la búsqueda de la biología moderna por las raíces y aplicaciones de lo que pudiéramos llamar la esencia de las humanidades: el arte ( ya hay que leer The Art Instinct de D. Dutton, 2009), la política ( y ahí vamos desde El Gen Egoista de Dawkins, 1976, para explicar el altruismo, hasta el Cerebro Etico de M. Gazzaniga, 2005), la filosofía con los trabajos de neurofilosofía de Patricia Churchland y nuestro Mario Bunge ( Biofilosofía, 2000), hasta
La expresión “Dos Culturas” cumple ya 50 años. Nos seguimos debatiendo entre ellas. Pienso que en este siglo XXI se superará esa brecha, pero, vaya Ud. a saber, los humanos somos expertos en reproducir errores y justificarlos, per secula seculorum.
lunes, 27 de julio de 2009
La psicología evolucionista y Los Haitises
En los últimos diez años, lo que equivale a decir casi el primer decenio del siglo XXI, la Psicología Evolucionista ha dicho presente en el campo científico con un conjunto de hipótesis y una fuerza empírica rara vez observada en el desarrollo de una ciencia.
Su base se centra en que para mejor comprender al humano actual hay que buscar sus adaptaciones evolutivas; y presentan un cuadro muy simple, como lo expresa D. Hutton en The Art Instinct (2009): “desde Sócrates y Platón, los creadores de las ideas y la cultura occidental, han transcurrido 120 generaciones, desde el inicio de la agricultura y las primeras ciudades 380 generaciones y desde la aparición del género Homo y más tarde el Homo sapiens en el Pleistoceno 80 mil generaciones”. Si la evolución por selección natural es gradual, ocurre en individuos y se expande a los grupos en generaciones sucesivas, entonces nuestras mentes y cerebros son el resultado de las adaptaciones de nuestros antepasados durante los dos millones de años del Pleistoceno. Y es esa vida en esa época “la contribución a la naturaleza humana más relevante para comprender las formas de vida culturales, por ejemplo, gobierno, religión, lenguas, sistemas legales, intercambios económicos y la regularización del cortejo amoroso, la reproducción y el cuidado de los infantes”.
Y sobre esta base teórica los sicólogos evolucionistas han generado hipótesis cuyas predicciones lógicas han sido probadas una y otra vez empíricamente. Y uno de los asuntos a los que han dedicado sus esfuerzos es a cómo el ser humano resolvió el problema de buscar un lugar para vivir.
Para sólo citar el texto de David Buss (Evolutionary Psychology, 2008), “la selección natural ha marcado en nuestras mentes nuestras preferencias ambientales” y de ahí que un estudio tras otro, en las más disímiles culturas, muestran que los humanos preferimos a cualquier otro paisaje lo que nos recuerde la sabana africana: terreno de ligeras ondulaciones, con grupos de árboles, con agua, animales y gente.
Cuando Komar y Melamid en 1993 tomaron datos de 10 países y proclamaron que su estudio representaba el gusto y la preferencia artística de unos 2,000 millones de personas, con el resultado que la gran mayoría prefería ver y soñar un paisaje parecido a la sabana africana donde evolucionamos, la llamada “hipótesis de la sabana” de G. Orians (1986,1992) tomó más consistencia.
Si tenemos como “default” mecanismos mentales que prefieren sabanas, ríos, árboles, pequeñas elevaciones y animales como nuestros ideales de lugares para vivir, y los urbanistas de hoy día están afanosos recreando esos ideales en nuestras caóticas ciudades, es simple el comprender como la idea del ecologismo ha arrastrado tanto público en los últimos treinta años.
Ser ecologista o ambientalista -que no es lo mismo que ser ecólogo o un científico ambiental- es defender y apoyar las causas y movimientos que protegen la naturaleza y eso para nuestra mente es como una extensión de la propia naturaleza humana.
Los humanos tenemos miedo visceral e instintivo a las serpientes y a las arañas. Estos animales constituían grandes peligros para la supervivencia en el Pleistoceno; pero qué difícil es enseñar a nuestros hijos a que le teman a un toma-corriente, a un carro y su mezcla con alcohol o celulares y a un arma de fuego. Ud. le repite un millón de veces a sus hijos lo peligroso de esos artefactos modernos y es como hablar con sordos. Es que son peligros muy recientes en nuestra evolución para que se instalen fácilmente en nuestra mente.
Y aparece una fábrica de cemento - cemento, lo que nos deja hoy vivir mejor, pero que nos destruye el deseo idílico en nuestras mentes pleistocénicas- y estará muy cerca de Los Haitises - el ideal de todos los dominicanos, el pedacito todavía virgen, que se conserva, con sus ríos, sus guaraguaos y cotorras, sus árboles y sus mogotes como pequeñas lomas ondulantes por descubrir; lo que más se parece en nuestra isla al mecanismo “default” que tenemos todos los humanos del lugar ideal de vida, porque algo así permitió a nuestros ancestros sobrevivir y permitirnos hoy estar en el mundo.
Y el choque era más que predecible. Para los estudiosos de la Psicología Evolutiva no fue un asombro que una encuesta dijese que el 85% de los dominicanos no quieren esa fábrica en ese lugar.
Pero parece que el gobierno insiste. No sabe o no puede decirle que no a los inversionistas. Quizás algún estudio les haya dicho que esa zona muy económicamente deprimida (aún por los estándares dominicanos) necesita de inversión y de fuentes de trabajo. Pero la gente, que al final es lo que cuenta, ha dicho que no, que no les gusta eso ahí.
Y es que quizás, y por no saber conceptualizar los descubrimientos e hipótesis científicas de nuestros días, los asesores del gobierno no sepan que la visión del paraíso, con sus árboles, ríos y animales hizo más por el desarrollo de las tres grandes religiones occidentales que la visión de la sabiduría de Salomón o de la paciencia de Job. Es un asunto de la naturaleza humana, desarrollada y formada en nuestra única e irrepetible evolución.
sábado, 24 de enero de 2009
2009: el año de Darwin
J. R. Albaine Pons
Desde hace más de cinco años un grupo de biólogos y otros científicos vienen preparando la celebración del 2009 como el Año de Darwin. El 12 de febrero 2009 se cumplen 200 años delnacimiento de Charles Darwin y el 24 de noviembre 2009 los 150 años de la publicación de su comúnmente llamado El Origen de las Especies, texto que propone la teoría de la evoluciónpor selección natural como la explicación científica del discurrir de la vida en nuestro planeta.
Ya en el 2006, y antecediendo al año de celebración, se publicaron dos volúmenes por casaseditoriales distintas sobre las cuatro obras consideradas fundamentales de Darwin y el evolucionismo contemporáneo, editados por dos de los principales biólogos de la actualidad.
En realidad, la celebración del Año de Darwin ya se ha iniciado extraoficialmente con diversos artículos y comentarios. El 1ro.de julio de este año 2008, se celebraron 150 años de la presentación ante la Sociedad Linneana de Londres de tres cortos informes sobre la teoría de la evolución.
Ese 1ro. De julio de 1858, amigos de Darwin leyeron en una reunión normal de su sociedad científica dos cortas comunicaciones de Darwin junto a un manuscrito que A.R.Wallace enviara al propio Darwin para su conocimiento y evaluación. El trabajo de Wallace presentaba iguales argumentos y conclusiones que los de Darwin. Los tres artículos, apretadamente y en síntesis, presentaron la teoría de la evolución por selección natural. Pero, llamaron poco la atención; el presidente de la Sociedad Linneana de Londres, en su informe anual de 1858, expresaba que ese año no se había presentado ningún trabajo de alta significación en las ciencias naturales.
Alfred Russell Wallace (1823-1913) fue en verdad un hombre extraordinario y de variados intereses. Autodidacta, se convirtió en el principal biogeógrafo del siglo XIX. Recolectó plantas y animales en Brasil ( perdidos en un naufragio en su mayoría) y del Archipiélago Malayo, donde llegó a iguales conclusiones, de manera independiente, que Darwin luego de años de estudio y planteó que “ la vida de los animales salvajes es una lucha por la existencia y así, por la competencia y la supervivencia diferencial…tenemos progreso y divergencia continuas”.
Wallace se convirtió luego en uno de los mayores defensores de la selección natural como mecanismo evolutivo, aunque dedicó su vida a otros quehaceres, entre ellos, el estudio de fenómenos sobrenaturales, muy de moda a finales del siglo XIX.
Pero no fue sino hasta la aparición del Origen, un año después de la presentación de los informes ante la Sociedad Linneana, que los científicos y la sociedad culta inglesa y europea de la época pensó en evolución por selección natural y las consecuencias de este planteamiento. Aunque Darwin y todos los biólogos y evolucionistas posteriores han reconocido la correcta visión de Wallace, nadie habla de la teoría de la evolución de Darwin-Wallace, salvo en los textos de editoras orientadas y económicamente sostenidas por instituciones religiosas. No más comentarios al respecto.
Las ideas de Darwin y los evolucionistas, que han saltado desde las ciencias biológicas hasta otros ámbitos del saber, aún hoy son fuertemente atacadas y a propósito mal interpretadas. Muy especialmente en los Estados Unidos de América y, en cierto sentido, en Inglaterra y otros pocos países europeos.
Recientemente el semanario internacional estadounidense Newsweek llamaba la atención de que Darwin y Abraham Lincoln nacieron el mismo año, y en un artículo discutiendo cuál de los dos es hoy más importante, termina diciendo que Lincoln, por la clara significación que tiene este Presidente en ese país.
Y así, la Asociación de Sociedades Biológicas de EEUU ha variado lo que un grupo de sus miembros tenía años preparando; el 2009 no será en ese país El Año de Darwin, sino El Año de la Ciencia. Se celebrará a Darwin y sus ideas y trabajos junto con el hecho de que Abraham Lincoln estableció la actual Academia de Ciencias de ese país para las mismas fechas.
Creen los biólogos estadounidenses que así evitarán un de por sí estéril enfrentamiento con sus religiosos bíblicos y la derecha más recalcitrante de ese país.
En realidad cada cual tiene pleno derecho a celebrar lo que más le guste o convenga en cualquier época; para nosotros, el 2009 es el Año de Darwin; múltiples libros, artículos, ponencias, seminarios , presentaciones y cátedras especializadas se realizarán en el mundo y se están ya realizando a nombre de Charles Darwin.
La reciente exposición en el Royal Ontario Museum, en Cánada, titulada: Darwin: La Revolución Evolutiva, es un ejemplo de la celebración, ya en curso. Se presenta a Darwin como “un investigador científico infatigable, un amoroso padre de familia y un caballero rural con una pasión renacentista por el conocimiento.”
Con una fuerte consciencia social, Charles Darwin esperaba que el conocimiento de la evolución eventualmente explicaría y hasta mejoraría la propia condición humana. Desde ya estamos celebrando el pensamiento de un naturalista que ofreció la base científica que hoy fundamenta las ciencias biológicas todas y que así, de hecho, ha permitido que estas ciencias hayan impactado y mejorado la vida humana como lo han hecho en la actualidad; que permite la comprensión de la relación de lo humano con el resto de lo vivo y que ofrece una visión de la naturaleza que, él mismo expresó, tiene grandeza; y claridad y consecuencias demostrables han agregado otros.
¡2009 es nuestro Año de Darwin!
